José Luis Puga Sánchez

“Por vez primera”, el Festival Internacional de Títeres Rosete Aranda llega a todo el territorio estatal. Por vez primera el festival contó con una sección especial dirigida a la atención de grupos vulnerables en situación de reclusión, como hospitales y asilos. Y en esta edición 41 participaron 8 grupos nacionales, 9 provenientes de 6 países y 21 grupos locales que en conjunto habrían convocado a 27 mil espectadores en un total de 123 funciones, tal es la radiografía pintada alborozadamente por la Secretaría de Cultura de Tlaxcala.

Sin embargo, esa primera vez de cobertura estatal total sucedió en las ediciones correspondientes a 1990 y 1991 del festival, cuando si bien la entidad se integraba con solo 44 municipios, en esos V y VI festivales, que en ese momento tuvieron duración de dos meses, se cubrió con funciones de títeres la totalidad de la geografía estatal.

Las agrupaciones de otros países provinieron en esta 41 edición de Cuba, Argentina, Uruguay, Brasil, España y Alemania, en tanto que las de otros estados llegaron desde Ciudad de México, Aguascalientes, Puebla y Chihuahua.

Y en esa desbocada pérdida de virginidades, “por primera vez” se involucró a los semilleros creativos de la paz, impulsando funciones en municipios como Tenancingo, Chiautempan y Tzompantépec.

No, no se presentó un informe que demuestre fehacientemente y con documentos esa asistencia reportada de 27 mil espectadores.

En el acto inaugural, el coordinador general del festival, Ignacio Tapia Echavarri, agradeció al Programa de Apoyo a Festivales Culturales y Artísticos de la Secretaría de Cultura federal, por “su invaluable apoyo para la realización del Festival Internacional de Títeres en Tlaxcala”. Y mucha razón tiene el agradecimiento, pues la edición 41 del festival, ésta de 2026, no dispuso de un solo peso de financiamiento estatal.

La presea Rosete Aranda este año fue entregada a José Hernández Castillo, “cheché”, por sus aportaciones al festival.

Pero los motivos de la algarabía oficial no terminaron aquí, pues Ignacio Tapia, director del Museo Nacional de Títere (Munati), puso en el altar celebratorio que desde el 26 de agosto, 153 piezas del acervo del Munati están en el Museo de Historia Mexicana de Monterrey, donde se exhiben hasta el próximo 14 de febrero de 2027. Además, 308 títeres de la colección Rosete Aranda Espinal, perteneciente al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, serán exhibidos de manera permanente e indefinida en el Museo Nacional del Títere de Huamantla. 

Y Karen Álvarez Villeda, secretaria de Cultura, engarzó otro diamante: once festivales de títeres en el país, incluido el Festival Rosete Aranda, han acordado establecer una red cuyo objetivo principal es trabajar en equipo para apoyarse mutuamente y de esta manera lograr una mejor movilidad de las compañías que participan en estos festivales. Sin embargo, ya desde años atrás se han trabajado itinerarios coordinados entre grupos de diversas entidades, como Coahuila, Veracruz, Sinaloa y Tlaxcala, que han dado como resultado extensas giras en gran parte del país para los grupos. Se trató de acuerdos entre los grupos y algunas pequeñas redes locales, no entre festivales, que en esos momentos había muy pocos en el país, pero el objetivo fue el mismo, apoyo mutuo e incentivar la movilidad.

“Cheche”, receptor de la presea Rosete Aranda 2026, fue el gestor en 1990, durante su periodo como presidente municipal, de la casa hoy sede del Museo Nacional del Títere. Su espíritu de aportación al festival fue reseñado por Karen Álvarez Villeda: “ha sido sumamente especial y ha estado trabajando desde hace muchísimos años para mantener viva la llama titiritera. Ese es Don Cheche, quien hoy recibe la presea Rosete Aranda, porque su contribución no acabó con su mandato de presidente municipal. Don Cheche es una persona que a diario tiene una valiosa aportación, no solamente a los títeres, sino a la cultura de todo el estado”.

Antonio Zúñiga Chaparro, director general de vinculación cultural de la Secretaría de Cultura federal, en representación de la secretaria de Cultura del gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, en el acto inaugural señaló que “estar en Tlaxcala es habitar el epicentro de una de las tradiciones escénicas y populares más entrañables de México. La historia del arte de los títeres en nuestro país no se comprende sin la estirpe de la familia Rosete Aranda, cuya compañía construyó un pilar fundamental del patrimonio cultural de la nación y una fuente permanente de inspiración para distintas generaciones de creadores”.

El patrimonio –recalcó- no es un objeto inmóvil en una vitrina, sino un legado vivo que respira y se transforma a través de las manos de cada artista. 

“Siempre he creído que el títere tiene corazón. Nos devuelven la facultad del asombro, sanan el tejido social y nos recuerdan que, a través de la poesía y la imaginación, construimos entornos de paz y convivencia armónica para nuestras infancias”.

Desde la Secretaría de Cultura del gobierno de México sostenemos –concluyó- que el derecho a la cultura se ejerce plenamente en los territorios, ahora territorios de paz, apoyando las iniciativas que nacen y crecen desde las propias comunidades, como es éste el caso.

Por admin